Día del Maestro
Algunas reflexiones en voz alta
Hoy es el Día del Maestro y me están llegando numerosos mensajes con buenos deseos y también, humildemente, con muchas palabras de agradecimiento. Siempre entendí que la docencia, dicho con la mayor sencillez y lejos de cualquier enunciación académica, es compartir y ofrecer conocimientos y, al mismo tiempo, recrearse y crecer con esa actividad. Y hoy tengo ganas de recorrer un poco cómo fue que la docencia se fue instalando como la actividad y la orientación en la cual se pueden reunir todos los trabajos concretos y muy variados que realicé ya en varias décadas, casi siempre por alrededor de la música.
Hace muuuuuchos años fui maestro de música en un jardín de infantes y en diferentes escuelas primarias y secundarias. Fui y sigo siendo docente universitario y, desde que estudiaba Musicología, en Israel, y hasta el presente ofrezco charlas y cursos de historia de la música y apreciación musical. Pero en mis otras actividades, las radiales y las periodísticas, siempre estuvo latiendo la docencia y esa necesidad no tan encubierta de compartir conocimientos. Por eso, hoy quiero recordar a quienes fueron MIS maestros, esos que me hicieron crecer como ser humano y que, involuntariamente, sembraron en mi alma (donde quiera que el alma esté) esa pasión por la docencia. No recuerdo su apellido, pero la señorita Alicia, mi maestra de 4º y 5º grado, en la Escuela Nº17 de Avellaneda, quedó siempre en mi recuerdo. Lejos estoy de poder enumerar qué nos enseñaba pero recuerdo que nos quería. Nada menos. De la secundaria, rescato al profesor de historia, “Coquito” Lacerra. Un tipo cálido y muy informado. Después llegaría Jacobo Ficher, con quien estudié composición, un músico completísimo y que, aún distante en su trato, se comprometía intensamente en la enseñanza. En 1972, llegué hasta Haydée Loustaunau. Una pianista trascendente y una exima maestra de piano. Pero Haydée era un ser humano excepcional que, entre otras muchas cosas que tienen que ver con la comprensión y la solidaridad, sabía distinguir y respetar mis (muchas) limitaciones pianísticas las que, no obstante, no eran impedimento para que ella se brindara intensamente. En la Universidad de Tel Aviv, tuve tres auténticos Maestros: Iudith Cohen, Iosef Dorfman y Eliahu Schleiffer. Inolvidables tanto por sus infinitas sapiencias como por una entrega absoluta en esa tarea tan maravillosa que es la de la formación del otro.
Feliz día del Maestro para todos los que lo son!!!